Ayer aprovechamos para hacer una ruta a pie en un lugar en el que ya había estado, pero que no por ello, deja de sorprenderme cada vez que visito. Era el sitio ideal para hacer una ruta no muy larga (14 km en total con un desnivel acumulado de unos 400 m); además, es muy apropiado para esta época del año en la que las temperaturas son frías, pues en verano, es un paraíso pero para otro tipo de seres (culebras, escorpiones, etc.).
Llegamos hasta Las Ventas con Peña Aguilera (Toledo) y desde allí tomamos el camino de Carboneros, que en un divertido tramo de conducción por pista con grandes charcos y algún barrizal nos llevó hasta las inmediaciones de la casa de la Peralosa.
Una vez aparcado el coche y efectuados los preparativos previos a la ruta, echamos a andar rumbo este hasta el convento del Castañar, que es uno de los sitios más sobrecogedores que conozco, pues aparece como un fantasma entre la niebla, en la más absoluta mitad de la nada.
El agua fue la protagonista de la ruta, ya que las lluvias de las semanas anteriores han dejado campos y caminos casi anegados. Ahora corren arroyos temporales casi por cualquier sitio.
El tramo que recorrimos a pie está restringido para vehículos a motor, pues tiene la consideración de vía pecuaria. Adjunto track de nuestro recorrido.
Aquí van algunas fotos de la ruta a pie:
En este punto estábamos a punto de introducirnos en la magia de los restos del convento del Castañar. Es mejor no dar muchas descripciones del sitio, pues toda idea que se pretenda transmitir sobre el lugar quedará muy lejos de la realidad que uno contempla al llegar aquí:
Desde hacía unos minutos estábamos escuchando un estridente ruido de aves que no fuimos capaces de localizar hasta que miramos al cielo y nos dimos cuenta lo que estaba pasando un kilómetro por encima de nuestras cabezas: una migración en toda regla. Divisamos numerosas bandadas de lo que tal vez serían grullas, que a veces volaban totalmente alineadas en V y otras se retorcían en espiral en torno a posibles corrientes de aire:
Algún árbol muy característico de la zona:
Y charcos y más charcos…
Al llegar a unos 1140 m de altitud fuimos a un punto donde en su día escondí un caché. En este enlace podéis ver la historia de este “tesoro”, así como fotos del recorrido y descripción de coordenadas:
Debe estar registrado para ver este enlace.
Pero desgraciadamente, algún individuo de mal carácter decidió expoliar el caché y terminar con el juego en esta zona. Aquí están restos de lo que en su día fue el log-book:
Un poco más arriba aprovechamos para reponer fuerzas en este sitio:
Y tras ello, seguimos subiendo hasta llegar al puerto del Fraile, atravesando robledales y pedreras que nos transportaban a lugares de cuento de hadas:
A la vuelta volvimos a disfrutar de los mismos charcos y barrizales…
y de formas geológicas totalmente caprichosas:
Cuando terminamos la ruta, un borrico vino a entablar amistad con nosotros:
pero está claro que la amistad de cualquier ser vivo de sexo masculino con una mujer… no es algo que suela ir a buen puerto, y así, tras unas “estimulantes” caricias, el animal nos demostró toda su virilidad:
Y eso crecía y crecía hasta límites insospechados:
Y de esta forma terminó la ruta a pie y empezó la ruta consistente en guarrear el coche y jugar con sus botoncitos en distintos barrizales y caminos variados. Dejo ese asunto para otro hilo situado en lugar más adecuado.























































